la-inmunonutricion-frente-al-covid-19-nutricion-virus

La situación actual en la que nos encontramos de pandemia pone de manifiesto la importancia de tener hábitos saludables para reforzar nuestro sistema inmune.

La inmunonutrición frente al COVID-19

La inmunonutrición es de máxima actualidad con motivo del COVID-19. La situación actual en la que nos encontramos de pandemia pone de manifiesto la importancia de tener hábitos saludables para reforzar nuestro sistema inmune. Entre esos hábitos la nutrición juega un papel importante que ayuda a reforzar nuestra salud y prevenir enfermedades, entre ellas, las cardiovasculares.

Pero ¿qué es la inmunonutrición?

La inmunonutrición es una rama de la nutrición que estudia los procesos mediante los cuales los nutrientes esenciales e ingredientes de la dieta interactúan entre sí, y su repercusión sobre el funcionamiento del sistema inmunitario.

En este sentido, tiene en cuenta el papel de los nutrientes en la modulación del sistema inmunológico, tanto en entornos clínicos, como sobre la población general, actuando para reducir o retrasar la aparición de enfermedades crónicas mediadas por el sistema inmune. Como objetivo principal es mejorar la respuesta del sistema inmunitario a través de una nutrición equilibrada adaptada a cada persona y situación.

Declaración de la Sociedad Internacional de Inmunonutrición

En la población mundial se está dando una compleja situación frente al COVID-19. En principio, no tenemos anticuerpos que puedan atajar su actuación, además de no existir una vacuna todavía.

Por todo ello, el consejo nutricional es clave en este preciso momento. Hay evidencia científica, a partir de los estudios en animales de experimentación y en humanos, sobre el papel beneficioso que tiene la nutrición antioxidante para conseguir que nuestro sistema inmune funcione de forma adecuada. El consejo general es comer una dieta rica, equilibrada y coloreada con especial énfasis en frutas y verduras, con el fin de aumentar la ingesta de antioxidantes y los nutrientes asociados, y así aumentar nuestras defensas.

 Otros factores que influyen en la función inmunitaria

Como no solo somos lo que comemos, además de la dieta, existen otros factores que influyen en la función inmunitaria y se tienen en cuenta en el tratamiento nutricional dirigido al sistema inmune: la edad, el sexo (embarazo, menopausia etc.), la genética (polimorfismos que condicionan la respuesta inmune), el índice de masa corporal, la historia dietética y los hábitos alimenticios, la práctica de actividad física, las enfermedades crónicas, la ingesta de medicamentos, etc.

La microbiota intestinal.

Para realizar todas las funciones, el sistema inmunitario cuenta con una gran variedad de células y moléculas altamente especializadas situadas en el tejido linfoide asociado al intestino (GALT), ya que los alimentos que ingerimos son uno de los principales puntos de entrada para potenciales patógenos. El intestino es también el órgano que alberga el mayor de neuronas fuera del cerebro (alrededor de 100 millones), y tiene un ecosistema propio: la microbiota intestinal.

”Una nutrición adecuada no puede prevenir que nos infecte un patógeno (virus o bacteria) o que padezcamos una enfermedad autoinmune, pero sí puede hacer más efectiva la respuesta de nuestro organismo y disminuir el tiempo de recuperación.”

Dieta de calidad

La modulación de la inflamación en estos casos se verá favorecida por una intervención en la cantidad y calidad de la dieta, como por ejemplo incrementando el aporte ciertos nutrientes como las grasas omega-3, al tiempo que se reduce la ingesta de otras grasas.

En nuestra sociedad occidental, las enfermedades provocadas por desnutrición debido a la falta de alimentos no son muy frecuentes, a diferencia de lo que ocurre en los países en vías de desarrollo, dónde la desnutrición da lugar a la inmunosupresión, con la consiguiente susceptibilidad a las infecciones. Son más comunes deficiencias nutricionales a consecuencia de la proliferación de las “dietas milagro” o dietas altamente restrictivas en las que se suprimen grupos de alimentos, o de alteraciones de la conducta alimentaria. Estas deficiencias nutricionales también tienen una repercusión sobre la efectividad inmune.

Mediante una alimentación adecuada se puede favorecer la respuesta adaptativa de la persona en una determinada dirección y prevenir o reducir el riesgo de padecer una enfermedad.

Fuentes: Organización Mundial de la Salud (OMS)